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Durante los
días 24, 25 y 26 de Junio de este año 2005, tres miembros de la Sociedad
Teosófica, el matrimonio compuesto por Antonio Pérez Bueno y su esposa
Maribel Gil Jiménez de la Rama Samadhi de Alicante y quien estas líneas
escribe, decidimos, por fortuna, realizar una visita de fin de semana a
la preciosa ciudad de Lisboa.
Esta acción, en sí misma, no tiene nada de
especialmente teosófico, como es natural, pero sí que lo tiene cuanto
relato, de forma resumida, seguidamente.
Antes de salir de nuestro país nos hicimos la idea de
visitar diversos lugares de la ciudad que yo ya conocía y que, por
tanto, sugerí a mis compañeros de viaje. Entre los sitios que pensábamos
visitar, se encontraba la sede de la Sociedad Teosófica en Portugal en
la rua Passos Manoel, y también hacer dos visitas de índole personal,
pero también relacionadas con la Sociedad Teosófica.
Queda en segundo plano la descripción de lo visitado
como turistas en la bella capital de Portugal, ya que ello no tendría
cabida, o tendría muy poca, en esta página web, y sólo se hace
referencia a lo experimentado desde el punto de vista teosófico.
A este respecto, lo primero que hicimos fue visitar la
sede de la Sociedad Teosófica, donde, después de llamar dos veces a la
puerta, nos fue franqueada la entrada por Manuel, quien junto a su
esposa Ana María, se ocupan del mantenimiento y la conservación del
local, y el que nada más verme, me dijo con una mezcla de sorpresa y
alegría; ¡Fernando, tú aquí!, con lo que recibimos la primera expresión
fraterna del viaje. Hacía unos 23 años o más que no nos veíamos. Las
oficinas y salas del local resuman historia y están impregnadas de unas
muy buenas vibraciones que se notan nada más que entrar.
Ana María y Manuel mostraron y explicaron en qué consisten cada una de
las dependencias del local a mis dos acompañantes, yo ya había estado
allí, que estaban encantados. Ana María con su cerrado acento portugués
y su rapidez al hablar, nos explicó varias cosas y hechos acaecidos en
el pasado más o menos reciente, de lo que pudimos entender algo así como
la mitad de lo que peroró, pero ello no fue óbice para poder captar el
sentido fraternal que tanto ella como Manuel nos transmitieron.
Tras abandonar este lugar, nos dirigimos, no sin alguna
dificultad, al domicilio de María Guillermina Mota Carmo, quien fue
Secretaria General o Presienta de la Sociedad Teosófica en ese país y
con quien me una amistad de casi 30 años. Guillermina nos recibió con
cariño y alegría, como es habitual en ella, y no se dejó impresionar por
la sorpresa de vernos en su domicilio, pues no nos esperaba. Nos atendió
con la simpatía y seriedad características en ella. Hablamos un buen
rato de varios asuntos y se decidió por llamar por teléfono a su hija
María Isabel Nobre Santos con quien quedamos para vernos al día
siguiente para comer juntos.
En efecto, más o menos a las 13,30 Isabel y su
simpático esposo José Antonio, nos recogieron en su coche y nos
condujeron a su domicilio donde nos ofrecieron un quasi banquete
vegetariano, al término del cual, el matrimonio luso nos ofreció un
recital de canciones portuguesas tan bonitas, melodiosas y, casi
siempre, llenas de ‘saudade’. Incluyo una fotografía del final de esta
reunión,

El matrimonio nos condujo a Belem, donde se encuentran
los Jerónimos, interesante monumento religioso, y el monumento a los
libertadores. Pero antes de dejarnos a nuestro albedrío, nos llevaron a
un establecimiento muy conocido por los turistas, en el que fabrican una
especie de rosquillas o buñuelos fritos rellenos muy sabrosos.
Todo este relato tiene por objeto poner de manifiesto,
para mí una vez más, el sentido de la fraternidad que subyace en todo
acto teosófico, porque acto teosófico no es solamente ciertas
celebraciones propias de la Sociedad o las reuniones de las Ramas, sino
que cuando dos miembros o más se encuentran, se pone de manifiesto el
acto teosófico, porque entonces florece la fraternidad, en mayor o menos
escala, pero siempre sucede. Que las personas a las que acabo de
referirme se comportaran conmigo como lo hicieron es algo natural por la
larga amistad que existe entre nosotros, pero que lo hicieran igualmente
con mis acompañantes, a los que no conocían, o conocían muy poco, es una
muestra de la preponderancia de la fraternidad en la Sociedad Teosófica.
Esto es cuanto estas líneas pretenden resaltar, la
fraternidad, la alegría, la sinceridad y la unicidad de ideales que
deben ponerse de manifiesto cuando nos encontramos los miembros de la
Sociedad Teosófica, sea cual sea nuestra nacionalidad.
Jul. ‘05
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